
Cynthia Tamara
Cyn, Selma (yo no fuí), Pampita, Objetito (cosita), Colorada, Tamy... No sé de cuantas maneras te llamé o te seguiré llamando... Te conozco hace como veinte años. Una Lady y también atorranta, una chica que sabe comer con seis cubiertos y que también puede dejarte pensando sobre el origen de la última puteada. No sé, ni me interesa averiguarlo, si sos la mujer ideal para mí. Lo único que sí tengo en claro es que desde aquella primera vez que te ví en el mostrador de la librería de la calle San Martín, me partiste la cabeza (osea que, siempre, siempre, te tuve ganas, siempre me gustaste).
Digamos, entonces que sos un sueño cumplido, porque cuando comenzábamos nuestra relacion, y éramos nada más que dos pelotudos deambulando por ahí, siempre me asaltaba la misma pregunta: ¿que hace una mujer como ésta con un adefesio como éste?
Pongámosle, que tuve suerte, porque en el reparto de caras no salí muy favorecido.
Digamos que fué cuestión de ingenio.
Digamos, que, para un tipo tan inconstante como yo, fuiste la única constante. La única razón por la que peleé contra todo y contra todos a capa y espada (o mandando a la mierda a unos cuantos, para que quede claro).
Por si no lo leíste bien, lo escribo de nuevo:
Digamos que sos mi sueño cumplido. Nos juntamos, nos separamos, nos volvimos a juntar, nos volvimos a separar, nos volvimos a juntar. Elegiste ser mi mujer, me elegiste. Me diste lo más hermoso que alguien pueda pedir, que son nuestros hijos.
Nos seguimos peleando como cuando éramos novios y sin embargo, ahí estamos.
Ahí estás.
Cambiandome la vida.
Gracias y Chau.
Aguante la pecera.