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martes, 25 de noviembre de 2008

Pesa-dillas


Tiempo atrás, les comentaba sobre mis sueños y de su extraño parecido con las pesadillas... podríamos llamarlos "pesaños" o "suedillas" (sí, ya sé que suena horrible, pero es lo que hay: absoluta falta de talento para inventar palabras nuevas). Como decía, hubo una época, luego de darle vacaciones a la araña del sueño anterior, en la que al dormir se me proyectaba el siguiente video: Me tiraba en el césped del jardín a mirar la luna; hermosa, plateada, redonda... y que cada vez se agrandaba más, provocándome asombro y estupefacción en cantidades complicadas de mensurar. Al final de la historia, el satélite terráqueo se me caía encima. Que fácil es pasar de la belleza al espanto. ¿No?
(Aclaro que estas situaciones se daban sin haber consumido químicos ni haber fumado alcalino alguno...)

Hasta luego

domingo, 2 de noviembre de 2008

Tipas que me cambian la vida

Cynthia Tamara

Cyn, Selma (yo no fuí), Pampita, Objetito (cosita), Colorada, Tamy... No sé de cuantas maneras te llamé o te seguiré llamando... Te conozco hace como veinte años. Una Lady y también atorranta, una chica que sabe comer con seis cubiertos y que también puede dejarte pensando sobre el origen de la última puteada. No sé, ni me interesa averiguarlo, si sos la mujer ideal para mí. Lo único que sí tengo en claro es que desde aquella primera vez que te ví en el mostrador de la librería de la calle San Martín, me partiste la cabeza (osea que, siempre, siempre, te tuve ganas, siempre me gustaste). 
Digamos, entonces que sos un sueño cumplido, porque cuando comenzábamos nuestra relacion, y éramos nada más que dos pelotudos deambulando por ahí, siempre me asaltaba la misma pregunta: ¿que hace una mujer como ésta con un adefesio como éste? 
Pongámosle, que tuve suerte, porque en el reparto de caras no salí muy favorecido. 
Digamos que fué cuestión de ingenio. 
Digamos, que, para un tipo tan inconstante como yo, fuiste la única constante. La única razón por la que peleé contra todo y contra todos a capa y espada (o mandando a la mierda a unos cuantos, para que quede claro).
Por si no lo leíste bien, lo escribo de nuevo: 
Digamos que sos mi sueño cumplido. Nos juntamos, nos separamos, nos volvimos a juntar, nos volvimos a separar, nos volvimos a juntar. Elegiste ser mi mujer, me elegiste. Me diste lo más hermoso que alguien pueda pedir, que son nuestros hijos. 
Nos seguimos peleando como cuando éramos novios y sin embargo, ahí estamos. 
Ahí estás.
Cambiandome la vida.

Gracias y Chau.

Aguante la pecera.